Hay días que no caben en un horario escolar. Días que no se pueden explicar en un libro. Días que se viven… y se quedan. Hoy ha sido uno de ellos.
Más de 300 alumnos de Secundaria del Colegio han salido a las calles de la ciudad para participar en un Vía Crucis en peregrinación hasta la Ermita de Nuestra Señora de la Soledad, patrona de Parla.
No era una excursión. No era una actividad más. Era algo distinto.
Desde el inicio, el ambiente hablaba por sí solo: silencio, respeto, miradas atentas… y una comunidad caminando unida.
Estandartes de San Juan Pablo II, San José, la Inmaculada, Santa Faustina Kowalska y el Sagrado Corazón de Jesús acompañaban el recorrido, junto a la imagen de la Virgen de la Soledad, hacia la que se dirigía toda la peregrinación.
Detrás de cada paso había mucho más de lo que se veía: coordinación con la Policía Local, implicación de profesores, acompañamiento de sacerdotes, colaboración con la Hermandad… Un trabajo silencioso que hace posible que ocurran cosas grandes.
Porque sí, lo fácil habría sido hacer otra cosa. Pero educar no siempre es lo fácil.
Educar es proponer experiencias que tocan el corazón. Educar es ayudar a mirar más allá. Educar es acompañar también en la dimensión espiritual.
Antes de comenzar, una frase lo resumía todo: “Somos una máquina educativa perfectamente engrasada para la evangelización.” Y hoy, Parla ha sido testigo de ello.
El Vía Crucis ha finalizado en la Ermita de Nuestra Señora de la Soledad, en un momento de recogimiento que marca el inicio de la Semana Santa y que, sin duda, permanecerá en la memoria de nuestros alumnos. Porque hay aprendizajes que no se olvidan.
Educar en la Verdad para ser libres.