El problema de la educación es el problema de la verdad... [educar es ayudar a] conocer la realidad en sus distintas dimensiones con el fin de poseer la verdad para vivir en la verdad(Juan Pablo II)
En el Colegio Juan Pablo II queremos dar una buena educación a nuestros alumnos, una educación de calidad. Seguro que cualquier colegio pretende exactamente lo mismo. La cuestión es: ¿qué entendemos por una educación de calidad?
El problema de la educación es el problema de la verdad... [educar es ayudar a] conocer la realidad en sus distintas dimensiones con el fin de poseer la verdad para vivir en la verdad(Juan Pablo II)

En el Colegio Juan Pablo II queremos dar una buena educación a nuestros alumnos, una educación de calidad. Seguro que cualquier colegio pretende exactamente lo mismo. La cuestión es: ¿qué entendemos por una educación de calidad?
Según el concepto que tengamos de lo que es el hombre, así será el trato que le demos. En nuestro proyecto educativo partimos de una antropología cristiana: educar bien es, por tanto, formar buenas personas. O lo que para nosotros es sinónimo: formar buenos cristianos. Ambicioso objetivo que sólo puede darse cuando familia y Colegio compartimos unos mismos criterios, y cuando además nos preocupamos por desarrollar sanos ambientes de ocio y tiempo libre, en los que se desenvolverán nuestros hijos en su adolescencia y juventud. Además, el Colegio Juan Pablo II nace con una fuerte vocación social, de verdadero servicio a la sociedad.
Se plantea un dilema fundamental en la educación, según el modelo que se quiera seguir: o educar para el éxito, o educar para el servicio. Si lo analizamos con detalle, en realidad, no hay término medio: o lo más importante es el éxito personal, o lo más importante es el servicio a los demás. En caso de conflicto, ¿qué prima? ¿Qué debería ser prioritario?
Estamos convencidos de que sólo educando para el servicio conseguiremos dar la mejor educación, la educación que lleva al mayor bien de cada uno de nuestros alumnos. Y sólo así podremos contribuir a que toda la sociedad mejore un poco más.
Es fundamental, sin duda, este concepto y visión cristianos de la persona. ¿Cómo se entendería, si no, una educación para el servicio en lugar de para el éxito? ¿Y por qué servir en lugar de buscar directamente el triunfo a toda costa?
Asistimos perplejos a una sociedad que por haber abandonado los valores cristianos cae en las contradicciones más grandes. Una sociedad que sin ningún pudor restringe los derechos de persona, el más básico derecho a la vida, a aquellos que pesan más de 450 g. o miden más de 26 cm., mientras se “rasga las vestiduras” y se escandaliza de que en otras épocas esos mismos derechos estuviesen limitados a los de un determinado color de piel o a los de una determinada raza o religión. ¿No es sorprendente? ¿Absurdo o hipocresía? La educación debería contribuir a formar criterios para que las futuras generaciones no caigan en los mismos errores que la nuestra.
Citando textualmente a Juan Pablo II: La formación del hombre consiste en el desarrollo de sus propias capacidades, en la formación de su propia libertad, mediante la cual dispone de sí mismo. Podríamos entonces preguntarnos, ¿para qué? ¿Para encerrarse en sí mismo? ¿Para disfrutar únicamente de forma egoísta? ¿Para triunfar a cualquier precio, incluso a costa de los demás? ¿No es ese el mensaje que recibimos continuamente a través de las corrientes de opinión y de los medios de comunicación?
Frente a todo esto, nuestro Santo Padre Benedicto XVI nos recuerda continuamente que estamos en una situación de auténtica “Emergencia Educativa”. Y el mismo Juan Pablo II, nuestro querido patrón, nos responde: “En nuestra época difícil y también en los tiempos que vienen, sólo el verdadero gran Amor puede salvar al hombre”. Convencida plenamente de ello y con mucho ánimo, la Fundación Educatio Servanda ha iniciado este gran proyecto educativo, que madura ya su primer curso de andadura, y que hoy queremos ofrecer como alternativa para el futuro.
